Todas las chicas comunes y corrientes lo han soñado… Despertarse un día de repente, convertida en la princesa de una poderosa familia. ¡Maravilloso! Despertarse a la hora que quieras, tomar el té de la tarde mientras charlas, viviendo sin preocupaciones, como una princesa…
Por supuesto… Para poder vivir la vida de una princesa se necesita de algo muy esencial, que no se puede olvidar: ¡Un hermoso castillo!
Todas las chicas tienen ese sueño alguna vez en su vida… Y María Paz, o Paxi para sus padres y amigos, no era la excepción. Todos los días antes de ir a dormir, contemplaba por, quizás horas, aquella maqueta de un hermoso castillos que tenía en su mesita de noche, imaginándose allí, con su estilo de vida como una princesa.
¡La imaginación es una máquina tan poderosa!… Porque… Esto es imposible que suceda en la vida real… Y Paxi, lo sabía muy bien…
- Pero… Durmiendo, es posible tener esa vida de princesa – pensó en voz alta Paxi, y dicho esto se levantó de la silla que estaba cerca a su mesita de noche y ordenó su cama para acostarse – ¡Hora de que las princesas duerman en sus camas reales! – dijo con emoción mientras pegaba un salto hacia su cama, sin saber lo que sucedería una vez cayera en ella – ¡¡PAPAAAAAAAAAAAAA!! – Cayó con colchón al suelo – ¡¡No terminaste de arreglar mi cama!! – y se largó a llorar.
Así eran todas, o la mayoría, de las noches para Paxi…
Día lunes… Paxi iba en su bicicleta por la ciudad, alegre en dirección a su trabajo. Vivir con pocas comodidades la forzaban a tener que trabajar, y a veces, tener más de un trabajo en el día. Pero para ella no era un sacrificio, mientras pudiera tener su propio dinero.
- ¡¡Disculpe!! ¡¡Disculpe!! – gritaba Paxi en su bicicleta mientras esquivaba a la gente – ¡¡Mari!! – alcanzó a divisar a una de sus amigas que la esperaba en la plaza de la ciudad para trabajar – ¡¡Mari!! – Paxi empezaba a frenar su bicicleta
- ¡Paxi! ¡Por fin llegaste! – le respondió Mari en un tono de desesperación - ¿Por qué llegaste tan tarde?
- Un ratón andaba en el restaurant – respondió Paxi mientras acomodaba su bicicleta y le ponía seguro – El jefe dijo que quien lo atrapaba se ganaba $5.000
- Entonces… ¿Lo pillaste? – preguntó Mari – ¡Los ratones son asquerosos!
- ¡Por supuesto! – le respondió Paxi – ¡Eran $5.000! – dijo emocionada y tomó de la mano a Mari – ¡Vámonos a trabajar!
Vestirse con un traje de oso en un día totalmente caluroso no era lo ideal, pero Paxi debía hacerlo. Había prometo este año que ayudaría a sus padres con la matrícula de su escuela. Era su penúltimo año y quería ya empezar a sentirse un poco independiente. Ese día tocaba repartir panfletos promocionando los nuevos juegos de atracción que tenía el parque de diversiones para el verano.
- ¡Señor! – se acercaba Paxi vestida como oso a la gente que pasaba - ¡Tome!... ¡Gracias! – Así se llevaba toda la tarde. Pero como ser humano, también necesitaba de un rato de descanso, así que junto a Mari se fueron a sentar en una banca de la plaza donde estaban trabajando. Ambas no aguantaban el calor.
- Paxi… - habló Mari mientras trataba de abanicarse con su mano para refrescarse - ¿Estás bien vestida así? Hoy hace mucho calor… - se notaba la preocupación de Mari por su amiga
- Ya sé que hace mucho calor – respondió Paxi en un tono de resignación – Pero llevando este disfraz… ¡puedo conseguir $5.000! – Mari suspiró. De verdad que a su amiga el dinero movía mucho en su vida.
- Pero… ¡Vas a tener insolación! Y son sólo $5.000 – Mari no podía dejar de preocuparse por Paxi. Su amiga era capaz de sacrificar su salud con tal de tener dinero para sus cosas y su matrícula. Paxi sonrió.
- Pues… ¡Vale la pena! – respondió Paxi, mientras miraba fijamente a su amiga – Imagina, un día son $5.000… 10 días son $50.000… ¡100 días son $500.000!... Y en un año tendrás… - La cara de emoción de Paxi se resaltó más - ¡$1.825.000! Vale la pena, ¿o no?
Mari solo movía la cabeza y miraba el paisaje, Paxi seguía en su mundo pensando que haría con tanto dinero. Fue en uno de esos momentos en que Mari se percató que alguien muy conocido por ambas las estaba vigilando desde el tercer piso de un edificio que quedaba frente a la plaza. Aquel sujeto se dio cuenta que Mari lo vió y sólo le mandó una mirada de enojo, la cual intimidó a Mari. Mari le dio un pequeño codazo a su amiga, quien reaccionó y volvió al mundo real.
- ¡Auch! – se quejó Paxi – Eso dolió – le dijo mientras se sobaba su brazo. Cuando la miró para seguir regañándola por aquel golpe, pudo ver la cara de angustia y miedo de su amiga – Mari… Que… ¿Qué sucede?
- A…A…Alguien nos está vigilando – respondió Mari con un tono de angustia
- ¿Vigilando? – Paxi pudo suponer a qué se refería su amiga - ¿Dónde?
- A…A…A…Allá… - Mari atinó a apuntar hacia el edificio de dónde eran observadas ambas – El supervisor está allá – La cara de Paxi cambió a una cara de terror. El supervisor era una persona de temer normalmente, y más cuando te pillaba holgazaneando en horas de trabajo. Paxi muy despacio giró su cabeza en dirección hacia donde apuntaba su amiga, y cuando logró divisar a su supervisor, sonrió nerviosamente y ambas saludaron con la mano. La única respuesta que obtuvieron fue una mirada mucho más perversa por parte del supervisor. Esta fue la única señal que necesitaban ambas para saber que debían volver a trabajar. En menos de un segundo ambas ya estaban de pie, Paxi con la cabeza de oso sobre su cabeza y su amiga con los panfletos en la mano. Volvían otra vez a trabajar.
Mucha razón tuvo Mari al advertirle que sería muy probable que algo malo le pasase por estar con un traje de oso expuesta a tales temperaturas y en verano. El trabajo a todo el sol le estaba pasando la cuenta y poco a poco Paxi comenzó a sentir las consecuencias: sentía que caminaba entre nubes, los oídos le zumbaban y poco a poco comenzaba a ver doble, su equilibrio tampoco la ayudaban. Paxi comenzó a preocuparse por ello y decidió ir cerca de su amiga. Su paso era torpe y cada vez se le dificultaba más.
- Mari… - alcanzó a susurrar cuando estaba casi cerca de su amiga, pero en su estado no notó que justo delante de ella venía un sujeto en bicicleta, chocando ambos. Paxi no logró esquivarlo ni tampoco evitar una caída, mientras montones de papeles, entre los folletos de ella y los que llevaba el sujeto en la bicicleta se esparcían en el aire y caían.
“A veces… Realmente a veces… Desearía que cuando me despertara… No necesitara preocuparme por el dinero…No tener que trabajar en un día soleado… Por $5.000… Pero… Es imposible que… Al despertarme… Sea una persona diferente… Eso… Sólo sucede en los cuentos de hadas…”, ese fue el último pensamiento de Paxi antes de quedar inconsciente en el suelo.
“Paxi… Paxi… Paxi… Paxi!!”. Paxi podía sentir unas voces a lo lejos, como en eco. Podía escuchar que esas voces la llamaban. Poco a poco ella fue despertando y agudizando nuevamente sus sentidos. Las voces eran más claras y podía divisar dos caras cerca a ella. Cuando sus sentidos volvieron en un 100% reconoció aquellas voces y quiénes eran aquellas dos personas: su papá y su mamá. El cuarto en el que estaba lo reconocía perfectamente: era su cuarto. De un solo brinco se sentó en la cama, donde la habían dejado luego de quedar inconsciente.
- ¿¡Cómo llegué aquí!? – claramente Paxi no recordaba lo que había sucedido un par de horas atrás - ¿No estaba repartiendo folletos con Mari? – Los padres de Paxi se sentaron cada uno a un lado de ella en la cama.
- ¡Aish! ¡Hija! – respondió el papá – Mientras trabajabas, te dio insolación y te desmayaste! Mari y tu supervisor te trajeron a casa – Al saber eso, la cara de Paxi cambió en un segundo
- ¡Ay no! – dijo – ¿Y el dinero que me iba a ganar por repartir folletos? ¡Ya lo perdí! – Paxi estaba a punto de llorar. Los padres de Paxi no podían creer que su hija estuviese más preocupada del dinero que de su salud – Y llevé ese disfraz de oso todo el día y bajo el sol…
- ¡Ay, hija! – habló su mamá - ¿Y quién dijo que no te iban a pagar? – Paxi queda mirando con cara de duda a su madre, cuando de su bolsillo saca un billete de $5.000. La cara de Paxi cambio totalmente a una de felicidad y asombro - El supervisor se apiadó de ti y dijo que habías trabajo muy duro y muy bien, así que a pesar de todo te habías echo merecedora de los $5.000
- ¡Aaawww! – exclamó Paxi – Parece un señor muy mal genio, duro y tacaño, pero en el fondo es un buen hombre – Y acto seguido tomó el billete de las manos de su mamá
- Paxi – dijo su madre en un tono más serio y con algo de preocupación por su hija – No es necesario que trabajes tanto por pagar tu matrícula. Papá y mamá pueden pensar en algún plan para ahorrar más dinero y poder pagarla – la madre de Paxi hizo una pausa y continuó - ¡Mírate! Levantándote todos los días temprano para ir al restaurant a trabajar, y cuando terminas allá, te vas al negocio de comida rápida para seguir trabajando – La madre de Paxi tomó su mano – Si sigues así, te vas a enfermar…
- Si, hija – continuó su papá – Cuando te trajeron a la casa inconsciente, me diste un gran susto – Paxi sonrió. Sus padres en verdad se preocupaban mucho por ella
- Tranquilos – les respondió – Hoy ha sido un día bastante bueno, sólo que hacía calor y por eso me desmayé – trataba de calmar a sus padres – Pero lo mejor de todo, es que conseguí dinero. Y no sólo para poder pagar mi matrícula, sino que ahora me alcanza para otras cosas – dijo Paxi muy emocionada
- ¿Otras cosas? – preguntó su padre. Paxi miró a su padre y asintió. Les hizo a ambos un gesto para que se acercaran más.
- Es un secreto – les respondió cuando ya los tres estaban demasiado cerca
- ¿¡Un secreto!? – estalló su padre e hizo acto de estar muy herido, mientras sollozaba – ¡Mi hija! Ya tiene secretos que no me cuenta – decía su papá mientras seguía con su acto de drama, sollozando. La madre de Paxi, que ya se había dado cuenta del pobre acto de su esposo, movía su cabeza mientras miraba a Paxi, quién solo sonreía. Para seguirle el juego, la mamá de Paxi le consolaba - ¡Estoy tan triste!
- No llores, no llores – decía su madre, mientras le hacía gestos a Paxi para que la ayudara
- Papá – dijo Paxi – Tu actuación… - Paxi pensó las palabras que diría a continuación para no herir en verdad a su padre, pero no había nada mejor que decir la verdad – Es penosa – Al oír esto, el padre de Paxi paró su actuación – Con eso no me conmueves, ni menos lograrás que te diga mis secretos
- Amor – dijo el padre de Paxi, mientras miraba a su esposa – En verdad… ¿lo hice tan mal? – La madre de Paxi le golpeaba suavemente la espalda a su marido mientras reía nerviosa
- No – mentía la madre de Paxi – Lo hiciste muy bien… Si, muy bien – seguía sonriendo nerviosa y evitaba mirar a su marido – Bueno Paxi – dijo para trata de cambiar el tema – será mejor que sigas descansando otro poco. Yo te despertaré para la hora de comer, ¿te parece? – Paxi asintió, y ambos padres salieron de su habitación.
Paxi no podía ser más feliz, tenía unos padres que la querían y la cuidaban. El tenerles a su lado era una felicidad enorme para ella. Podían quizás pasar dificultades algunos meses por culpa del poco dinero que conseguían, pero por lo menos, tenían de todo lo que podía satisfacer sus necesidades. Un techo donde dormir, una cama, comida… Muchas cosas que otras familias no tenían.
“Aunque…”, pensaba Paxi mientras daba vueltas en su dormitorio,
“no sería mala idea tener una casa más grande, aunque eso signifique tener que ahorrar mucho para poder comprarla”. Sus pensamientos fueron cortados cuando vio un folleto en la mesa donde tenía todos sus cuadernos y libros. Recordó haber visto ese folleto antes.
“Esos eran los otros papeles que caían del cielo cuando me desmayé”, pensó. Tomó aquel folleto y se fue a sentar en su cama para leerlo.
- Edificio “Marbella Club” – leyó en voz alta – Esto es de la familia Edwards, la familia más millonaria en el país… Claro, sabiendo esto, puedes deducir que este edificio es carísimo – siguió leyendo el folleto -
¿¡QUÉ!? – se sorprendió Paxi -
¿$12.000.000 el metro cuadrado? Y el apartamento más pequeño es de 100 metros cuadrados… Eso es igual a… - Paxi sacaba cálculos mentales y casi cae de espaldas cuando obtuvo el resultado -
¡$12.000.000.000 por un piso! Tendría que trabajar mucho… Si tan sólo ganara $200.000 al mes y si además de eso no comiera ni bebiera, podría conseguir un piso de esos en… - su mente seguía trabajando números, pero para no tener un dolor de cabeza, Paxi saltó de su cama a buscar una calculadora. Digitó rápidamente los números y obtuvo el resultado –
¡Podré conseguir un piso de esos en 5.000 años! – La cara de Paxi sólo era de pena, sabía muy bien que jamás podría conseguir ese dinero, ni menos poder estar toda una vida sin comer ni beber, para qué decir el poder vivir 5.000 años. Se fue derrotada nuevamente a su cama.
“Pero esto... es más fácil de conseguir que un castillo”, pensó mientras miraba la maqueta de su castillo. Siguió mirando aquel folleto.
- ¿Eh? ¿Y estos 4 chicos? Todos se ven muy guapos, además de atractivos y adinerados. Como diría la gente… “Nacer en cuna de oro” – Paxi suspiró mientras se estiraba en su cama – Bueno, cada cual tiene su destino, y éste es el mío – Y cerró sus ojos para dormir una siesta.
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Wiiii~~ :D
HABEMUS FIC NUEVO~!Gracias a su deidad, diosa de los fic, Cat, he podido luego de dar las respectivas ofrendas, conseguir que abra un nuevo espacio en el gran coliseo *llamado también FORO* para este humilde fic
Espero les guste :3